Soñar con dinosaurios

Por Gabriel Páramo///Ágora Digital

Mercurio

Ciudad de México,(29-04-2023).-Así como uno se encariña con personas, animales o cosas, también puede encariñarse con situaciones, comidas e, incluso, conceptos. Desde hace mucho sabemos de personas obsesionadas con la música –cualquier música, la que sea, dicen–, o están los eternos “enamorados del amor”, que se obsesionan no con la persona, sino con la idea de sentirse de alguna manera determinada. Las obsesiones a veces surgen de ideas positivas, pero se pueden transformar en entes malignos, mientras que en ocasiones, por muy terrible que sea la fuente, la obsesión se transforma en algo inocuo.

Venus

También puede ocurrir que las obsesiones puedan remontarse a la niñez más profunda y estar incluso enterradas en los casi inescrutables estratos cerebrales de las épocas anteriores al lenguaje, por lo que se vuelven misteriosas y, muchas veces, podemos pensar que simplemente son completamente inmotivadas. A este respecto, yo soy una persona llena de obsesiones. Muchas, son puramente generacionales, de las correspondientes a los llamados boomers (nacidos, según muchos, entre 1946 y 1964). Esta generación, como prácticamente todas las demás, está llena de mitos y mala información, lo que no obsta para que sí tengamos muchas manías, que es otra manera de llamar a las obsesiones.

Tierra

Estuve leyendo notas periodísticas sobre los boomers, “adultos en plenitud” (nombre ridículo), “adultos mayores” (epíteto equívoco), “abuelitos” (horroroso en ese sentido). Muchas de ellas, no sé si por problemas de redacción, por incapacidad congénita de los editores para la lógica y el idioma, o simplemente por descuido, anunciaban escandalosamente que “somos la generación que más rápidamente se acerca a la vejez”… pero, ¿a poco podría ser de otra manera? Somos unos 15 millones de personas mayores de 60 años y pronto seremos más, pero esto no es una tragedia, es un comportamiento demográfico simple y completamente entendible.

Marte

Ahora, eso no quiere decir que se estén tomando medidas para atender la situación, ni mucho menos. Los viejos (sí, lo somos, y qué) tenemos que trabajar mucho después de lo que se supondría, ya sea porque contra lo que dice la opinión popular, un número importante de nosotros carecemos de pensiones (dignas e indignas) por nuestros años laborados (debido a las condiciones irregulares y en deterioro que se han dado a través de los sexenios; ni tenemos casa propia.  O sea, toca caminar por calles hechas para autos, no para personas, comer lo que se puede, recorrer horas en transporte público, padecer malos servicios de salud, comprar medicamentos caros.

Cinturón de asteroides

Pero, ¿todo eso qué tiene que hablar con las obsesiones con las que iniciamos este recorrido? Pues que mientras trabajamos y sobrevivimos, pensamos en lo que siempre hemos pensado, en las cosas de la vida, en lo que hicimos y en lo que no, y sobre todo, en lo que todavía podemos hacer. Nuestras obsesiones, lejos de desaparecer por las obligaciones y la lucha cotidiana por la vida, se agrandan, se hacen más visibles.

Júpiter

En mi caso, la principal de mis obsesiones es simple: los dinosaurios. Pienso en dinosaurios, los imagino en el metro y el microbús, los veo volar por los cielos contaminados y los escucho en la noche, acomodándose entre los botes de basura de los vecinos y peleando con perros callejeros y domésticos. Y sí, por supuesto, sueño con dinosaurios.